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domingo, 9 de agosto de 2009

Nocturna


"Cuando era pequeño y crecía y crecía (...aun sigo creciendo hoy en día), realmente disfrutaba de leer una buena historia de vampiros..." Así comienza Guillermo del Toro la presentación de su libro "NOCTURNA" (The Strain, nombre original en inglés), el cual escribió junto a Chuck Hogan.

¿Habrá una explicación más sencilla para todos aquellos amantes del género?


Inmediatamente después dice algo con lo que me identifico plenamente: "... pero una pavorosa historia de vampiros, no una de estas historias románticas del joven lánguido succionando los cuellos de gente bella. A mí me encantan las historias escalofriantes de no-muertos."

Obviamente muestra su rechazo, como buen seguidor de vampiros de la vieja escuela, a toda esa nueva línea que se ha impuesto como moda en el mundo de la literatura y el cine, la cual ha despojado de toda malignidad y oscuridad a los seres de la noche y les ha conferido únicamente, un perfil de eternos amantes curtidos de belleza sobrenatural y protagonistas de historias románticas bien 'light', sangre con mucha azúcar.


Y así es precisamente la historia que ha escrito junto a Hogan. Vampiros temibles, viejos, poderosos, poco románticos y que seguramente nadie quisiera como amantes. La trama se desarrolla (¿en dónde más?) en la ciudad de Nueva York y tiene como protagonistas (fiel a la naturaleza de la ciudad y a nuestros tiempos) a un grupo "multicultural" conformado por un profesor inmigrante judío, un científico anglosajón, una científica latina, un exterminador de plagas de padres rusos y a un chicano.


Si bien Del Toro y Hogan no rompen con la tradicional estructura y composición de novela vampírica (tiene su Drácula, su Van Helsing, su Jonathan Harker, etc.), su valor radica en la modernización del mito, en otorgarle una verosimilitud espeluznante, en manejar conceptos, lugares, vivencias y un lenguaje de tiempos contemporáneos. Es la posibilidad real de la existencia del mito, hoy, aquí, a través de explicaciones bien fundamentadas que, como dice el propio Del Toro, siguen el camino de la lógica científica, como CSI... y cuando llegan a confrontarse con la verdad, con el vampirismo, primero lo niegan para luego explicarlo en esos mismos términos, identificando al virus y su increíble capacidad de expansión y contaminación.

La entrada es una oda al Drácula de Stocker. Así como en el Londres victoriano llega la maldad, cierta noche, en un barco maldecido por una enfermedad que no deja a nadie vivo y que transportaba cajas con tierra "experimental". Así, en la Nueva York del síndrome terrorista, llega también una noche, un avión proveniente del viejo mundo, el cual transporta una caja desconocida de enormes proporciones y al aterrizar, no es más que una enorme tumba, ya que todos los tripulantes están muertos (casi), es el inicio de la expansión del virus.


Nocturna es el primero de la Trilogía de la Oscuridad. Habrá que esperar los siguientes dos: Oscura y Eterna.




jueves, 9 de julio de 2009

Las piadosas


Si bien fue el "Drácula" de Bram Stoker (1897), el gran precursor del mito del vampiro como lo conocemos hoy en día; éste tuvo sus antecedentes y el principal de ellos fue la primer obra literaria creada jamás alrededor de éste personaje sobrenatural.

El cuento "El Vampiro" es el primero de todos, de John Polidori. Su misma creación está envuelta en tinieblas de dudas, de humillaciones, de frustraciones y de competencias de talento. Las circunstancias en que nació "el Vampiro", son especiales, oscuras, propias de una obra de este talante.

En resumen, J. Polidori era el asistente-médico personal y admirador del aristócrata escritor Lord Byron. Éste organizó unas vacaciones junto a colegas aristócratas, aburridos y engreídos, cuyos nombres eran: Claire Clairmont (amante de L. Byron), su hermanastra (Mary Wollstonecraft Godwin , después llamada Mary Shelly) y Percy Shelly. No es difícil imaginar lo bien que la pasaban entre glamorosas orgías y burlas de superioridad ante el "estimado" doctor Polidori que, ni compartía su linaje y, ciertamente, tampoco sus estrambóticos gustos. Eso sí, compartía con ellos la contemplación por el arte, especialmente la literatura (y yo diría que también el gusto por alguna que otra sustancia inspiradora).

Estas vacaciones programadas por tan especial grupo, las llevaron a cabo en un lago suizo llamado "Lemán", en donde habitaron la "Villa Diodati", en el verano de 1816. Eligieron este lugar gracias a la sugerencia de la señorita Mary Shelly, ya que en ésta misma Villa se hospedaron grandes gentes como John Milton, Rosseau o el mismísimo Voltaire. Así que era un centro de culto para aficionados escritores de buena cuna.

En una de sus noches de aburrimiento, el doctor Polidori los entretuvo dando lectura a un libro de su propiedad, una compilación de leyendas de terror alemanas (Phantasmagoria). Finalmente Lord Byron propuso un concurso, que todos los allí presentes se inspiraran en el horror, en el misterio, y crearan cada uno, una historia terrorífica.

De los demás, si finalmente escribieron algo o no, no se sabe nada. De los que sí se sabe algo fueron de Mary Shelly y del doctor Polidori. Allí, en ese verano de 1816, en la Villa Diodati, nacieron dos de las más grandes obras literarias: Frankenstain y El Vampiro.

Ese contexto tan misterioso de creación y nacimiento de tales personajes y obras, que marcarían a la humanidad, es el que explota Federico Andahazi en su obra "Las Piadosas".

Escritor contracorriente y provocador que es este argentino, la cortina de misterio la rasgo con... sexo. A la nebulosa que rodea el cómo se crearon Frankenstain y el Vampiro, Andahazi le dio una explicación de maldición sexual.

lunes, 27 de abril de 2009

Treinta días de noche


Una banda de vampiros hambrientos planean y llevan a cabo una "limpieza" en Barrow, Alaska, un pueblo situado bien al norte, lo suficiente para que en invierno tengan treinta días continuos sin ver la luz del sol.

El festín de sangre y carne roja se ve mermado por dos situaciones: gracias al intenso frío, los vampiros no pueden desarrollar todos sus especiales sentidos, por lo que algunos sobrevivientes pueden esconderse; y el sheriff del pueblo es un decidido policía que lidera a esos pocos sobrevivientes (incluyendo su esposa), a tal grado, que se autoinyecta sangre vampírica para hacerle frente a sus depredadores.

En ese marco transcurre toda la historia.

Al principio fue inventada por Steve Niles como mini serie de comics, la cual tuvo mucho éxito entre los fans de éste género, pero en los primeros intentos de hacerla audiovisual, las cosas no fueron muy bien.

Finalmente llegó la oportunidad y se filmó la película dirigida por David Slade y protagonizada por Josh Hartnett y Melissa George.

Aquí el vampirismo es tratado desde su interpretación pseudo científica, de que se trata de un virus que se contagia vía la sangre y la saliva. Lo creativo, más que la historia o los personajes, es el marco en que se desarrolla la historia, es decir, un pueblo en donde la luz del sol no existe durante todo un mes. En la realidad, en Barrow son 67 días de oscuridad, pero no es completa como en el comic o en la película. Además, incluso en invierno, hay vuelos diarios para otras partes del Estado y no queda completamente incomunicado durante ese período.

Los vampiros... son mejor logrados en el comic. Vicente, el líder, es un "elder" que siglos atrás fue traicionado por los seres humanos y gracias a él se mantuvo la especie. No sólo es una hambrienta fiera casi irracional, sino que es un sabio ser con siglos de vida, un noble en su especie.

En la continuación de la serie de comics, hay más misticismo que burda acción con sangre y laceraciones.

Sin embargo a mí la película me gustó, no será de mis favoritas, pero la espectacular forma que les dan a los vampiros, me deleitó. Me gusta el maquillaje que utilizaron, los caninos no son los únicos colmillos filosos y los ojos son negros, sin órbita, penetrantes. Estéticamente les brindaron un airte más fereal, fiero, endemoniado.

Habrá que ver si las secuelas que han hecho en los comics, los adaptan al celuloide. En una de éstas, la esposa del Sheriff se une a un vampiro que le enseña el secreto de cómo poder traer de vuelta a la existencia, a los no-muertos. Ella lo hace con su marido... pero es mordida, por éste.


jueves, 12 de marzo de 2009

Twilight, la película


Por fin me he atrevido a comentar la película de "Crepúsculo" que desde el año pasado andaba por allí, resistiéndose a ser recordada. Antes que dé mi humilde punto de vista, quisiera resaltar un aspecto. Siempre he considerado que el cine y la literatura deben guardar su pureza e independencia como artes, es decir, cada uno tiene sus propias narrativas, estéticas y técnicas, por lo que comparar una película únicamente de acuerdo a si se acerca o no al libro, para mí, es perder el tiempo, porque son dos artes distintos, aunque complementarios, como todo el arte. Si el cine me cuenta la misma historia que el libro, pero con su propio lenguaje estético y narrativo, y lo hace bien, me gusta. Aunque incluso no me gustase el libro, o viceversa. En este caso particular, la película obtuvo el mismo efecto en mí que el libro de donde se origina y basa, patético. Sobre el libro ya escribí aquí. Ahora sobre la película, ¿por dónde comenzar? Bien, por el principio, el tema central es el amor cuasi imposible entre dos seres que por circunstancias que están fuera de sus manos, desean estar juntas pero no pueden o se les hace difícil y "el universo conspira en contra de su amor". Como en una telenovela mexicana, en donde él es rico y de "buena familia", mientras ella pobre y de orígenes "humildes"; aquí él es vampiro y "de buena familia" (elegantes, bellos, inteligentes, ricos, etc.) y ella es, normal. Sin embargo posee algo especial, algo que nuevamente nos dará la moralizadora lección que las apariencias engañan y que no hay que juzgar a primera vista, ya que "hasta los normales" son especiales y dignos. El factor sobrenatural en este caso, es meramente un recurso secundario que justifica la diferencia entre los seres amantes, lo que constituye a su vez, la complicación del amor. Las únicas actuaciones que me parecen rescatables, son las de la protagonista, Bella Swan (interpretada por Kristen Stewart) y la de su padre, (interpretado por Billy Burke). La peor, la del galán de la película, Edward Cullen (interpretado por Robert Pattinson). ¡Por favor! en vez de vampiro parece un zombie pálido que nunca sabe ni donde está parado, anda caminando como con la boca abierta preguntándose a dónde se dirige. Su pose misteriosa la convierte más bien, en una postura de eterno sufriente, como virgen dolorosa, siempre acongojado, como alguien que a cada segundo te quiere pedir disculpas por existir. El colmo, la escena en donde Bella se sienta a su lado en una clase. Supuestamente el personaje (vampiro), ya se ha hatiuado a convivir con los humanos y a que no le afecte la tentación de su sangre, pero no puede resisitr el seductor aroma de Bella y desea poseerla, es decir, su sangre; la clase se convierte en un martirio y finalmente sale huyendo. En la actuación, más bien parece que el vampiro todopoderoso y leedor de mentes ajenas, sufre de un extraño ataque de picazón en la barriga, se encoje como si hubiese comido chicharrón con frijoles rojos y tocino, ir al sanitario parece un acto urgente y casi imposible. De los efectos especiales, sólo merece la pena resaltar el momento del accidente en donde Edward C. le salva la vida a Bella S., con su rapidez y fuerza sobrenatural. La manera como escala los árboles, es realmente cómica, recompensada únicamente por un paneo de cámara que nos muestra una vista excepcional de valles, montañas y el río. La banda sonora, sinceramente, ni la recuerdo. Ha de ser un poco más de lo mismo, algunas canciones pop, otras rock pop de hits Mtv. Y para poner la guinda al pastel, qué les parece: vampiros sin colmillos. Ni cuando pelean, ni cuando besan, ni cuando amenazan, nada. Igualmente habrían entonces, supongo, vehículos sin llantas y naves espaciales sin estrellas. Creo y vuelvo a repetirlo, que es demasiado el esfuerzo de Hollywood por construir su propia versión de J.K. Rowling y su fenómeno Harry Potter.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Las 10 miradas que el cine da al vampiro

Me he atrevido, de una manera por demás escuetísima y muy superficial, a identificar ciertas categorías en el cine de vampiros:

1. Una primera, la clásica, es la que no tenía otro motivo más que el terror. Provocar que el gran público se levantase de su butaca con el pulso tembloroso y la mirada nerviosa, esta gente caminaba con pasos cortos pero muy veloces de regreso a casa. Este cine era el más apegado a su predecesora, la literatura, del siglo XIX. Aquí la imagen y la historia se centraban en lo sobrenatural del monstruo, en su magia, en la impresión terrorífica que mostraba. Es de mencionar la obra clásica del género: "Nosferatu" de Friedrich Wilhelm Murnau, 1922; que abre paso al largo camino que recorrerían los vampiros en el celuloide. También es imperioso nombrar a "Drácula" de 1931 con el extraordinario Bela Lugosi. A Drácula y al vampiro del Siglo XX, lo inventó Lugosi y de allí mi segunda categoría.

2. Aquí, el vampiro pasa de ser el monstruo feo y deformado de Nosferatu, al aristócrata seductor y manipulador vestido con frac y capa de seda negra. En esta categoría entran el resto de obras de Lugosi y por supuesto, las de Christopher Lee que si bien no inventó el estilo del nuevo vampiro, sí que le dio vida y lo supo calzar y proyectar. Es de mencionar, claro está, a la primera obra a color del género, que también sería la primera de Lee en el personaje: "The Horror of Drácula", 1958, y todas las demás que siguieron a manera de serie, por la productora "Hammer Films". Aquí en esta categoría yo renombraría a una excelente excepción, una obra de arte satírica, burlesca y de un extraordinario buen humor. Es la película de Roman Polanski: "The Fearless Vampire Killers” de 1967. También se le conoció como: “Dance of the Vampires or Pardon Me, But Your Teeth are in My Neck”.

3. Luego vendrían los memorables ochentas y su fascinación por el culto a la juventud, a la disco y a la música pop. Aquí ya no es ni el monstruo sobrenatural ni el aristócrata seductor, acá son las bandas, las “gangs” de vampiros o de caza vampiros, entre mezclados con bandas de motociclistas, estrellas del rock o personajes por el estilo. Grandes ejemplos y dignas obras de ver son: “The Hunger”, 1983, con David Bowie y Catherine Denueve; también ¡cómo no mencionar!, a “The Lost Boys”, con un extraordinario sondtrack.

4. Hay otra categoría que para mí, es aquella que busca centrarse en los libros, ser fiel a las historias originales y muy tratadas precisamente desde sus ambientes históricos. Muy al estilo de los libros de Anne Rice, recreando perfectamente bien sus ambientes. Ejemplos claros son precisamente la adaptación de su primera novela “Interview with the vampire”, 1994; y “Bram Stoker’s Drácula”, 1992, la extraordinaria obra de Francis Ford Coppola. En este cine, considero que el interés del cineasta es la historia, la narrativa sustentada en un sentimiento desarrollado a través de líneas de tiempo y espacio.

5. Debo mencionar también la categoría que quizás llamaría ‘Gore’, aquí el centro de interés es la matanza, la sangre, la violencia. Hereda mucho de los ochentas en cuanto a la cultura pop y el culto a la juventud. Algunas que mencionaría son por ejemplo: “From Dusk till Dawn”, 1996, de Robert Rodriguez y (¡como no podría ser!) Quentin Tarantino. Podría mencionar también a “Bordello of Blood”, 1996; y a “The Forsaken”, 2001.

6. Hay otra categoría que va más por la acción, la aventura y estilísticamente hablando, el “modo comic” de contar la historia. Hace buen uso de los efectos especiales, utiliza filtros que dan una impresión “muy azul” de la imagen y generalmente se nutren de historias y mitos antiguos con el uso de buenas peleas. Grandes ejemplos serían “Van Helsing” 2004, del extraordinario Stephen Sommers; “Underworld”, 2003 y 2006 con la bellísima Kate Beckinsale (también en Van Helsing), y la serie de “Blade”, 1998, 2002 y 2004, con Wesley Snipes.


7. Una categoría de películas menos conocidas, serían las que tienen como principal interés, la causa biológica y/o extraterrestre, del vampirismo. Aquí es un virus experimental o bien un injerto espacial, el gen del vampiro. Serían las más cercanas a una mezcla entre la ciencia ficción y el vampirismo. Por ejemplo “Lifeforce”, 1984; o bien “Rabid” de 1977.


8. Otra categoría sería la erótica. En ésta, los vampiros son extremadamente sensuales y la trama se basa mucho sobre el “leit motive” erótico y sexual, tanto por la historia como por el rol del personaje. Algunas dignas de disfrutar serían: “Vampyros Lesbos”, 1974; o bien “Innocent Blood”, 1992, que realmente no es “tan erótica”, pero tiene escenas realmente memorables.


9. Está también la categoría del “Anime” japonés, centrado en lo vampírico. Dignas obras serían: “Biohunter”, 1995; “Blood: the last vampire”, 2000; y personalmente la que más me gusta: “Vampire Hunter D”, 1985.

10. A mi parecer la última categoría de cine vampiresco está por realizarse o más bien, se está cocinando en estos tiempos. Su centro de enfoque es la situación de conflicto interno del vampiro entre su “ser” y el “deber ser”. Dos características de esta categoría: el vampiro tiene crisis de conciencia; y está enamorado o enamorada de una personal mortal. Aún no ha salido al cine, pero en la televisión ya se ha concebido, al igual que en la literatura norteamericana. Por ejemplo en “Buffy, la caza vampiros”, la cazadora se enamora de un otrora terrible vampiro que hoy en día tiene crisis de culpabilidad. En tiempos más recientes, también está la serie “Moonlight”, su personaje principal es un detective vampiro que sufre su ser, trata de negarlo y de huir de él, sobre todo porque se enamora perdidamente de una mortal humana. Luego están los libros de la serie “Twilight” (que ya he comentado aquí), de la norteamericana Sephenie Meyer, en donde también una mortal, en este caso adolescente, se enamora perdidamente de un vampiro que también posee crisis de identidad o de culpabilidad por lo que es. Es la adaptación al cine de este primer libro de la serie de Meyer, la que abrirá a mi parecer esta nueva “ola” de tratar al vampiro: con crisis de identidad, con culpabilidad y en una trama de drama por el amor imposible.

lunes, 14 de julio de 2008

Drácula Desencadenado

Hace unos siete años entré a una librería de tres pisos en Barcelona y después de mucho tiempo deambulando perdido, pregunté a uno de los dependientes de la tienda: ¿qué tenés sobre vampiros? Me llevó tres libros, uno de Anne Rice; uno sobre crónicas de viaje por Rumania: "Siguiendo la Ruta de Drácula"; y "Drácula Desencadenado" de Brian Aldiss.

Cuando vi la contraportada de éste último dije para mis adentros: ¿qué carajo hace un escritor de ciencia ficción metido en terror y fantasía?, aunque obviamente la combinación prometía algo interesante. Finalmente lo fue.

Drácula Desencadenado es un buen libro que presenta "ideas frescas" de un tema y un personaje altamente tratado, usado, formado y deformado cientos de miles de veces. Proporcionar ideas creativas en un tema que para muchos es ya agotado, tiene mucho mérito. Brian Aldiss ha escrito más de cien libros y casi todos relacionados a la Ciencia Ficción. Su trabajo quizás con más resonancia fue el guión que construyó junto a Kubrick sobre "Inteligencia Artificial", llevado a la pantalla después por Steven Spielberg.

Con la lógica que les caracteriza a los escritores de este género, Aldiss cuenta cómo un científico y empresario que trabaja con alta tecnología, de apellido Bondeland, logra construir un sistema revolucionario que "abre" cierto espacio dimensional sin lectura de tiempo, en el cual se puede insertar todo tipo de materia para conservarla y disponer de ella a libre antojo. Sus fines son comerciales: vender esos "espacios" dimensionales para ubicar allí depósitos de basura radioactiva y así no ensuciar más la órbita del planeta. Sin embargo como el gobierno y sus críticos se dan cuenta, lo que tiene en sus manos es lo más próximo a una máquina del tiempo de lo que jamás se haya logrado hasta ahora, aquí inician sus problemas. Paralelamente un paleontólogo patrocinado por el mismo Bondeland, hace el descubrimiento científico del siglo: un cuerpo o estructura ósea con dimensiones humanas que data de más de 25 millones de años.

Ambos hechos aparentemente inconexos son la parte de ciencia ficción del libro, lo que mágicamente les une después, es la parte fantástica. Ocurren apariciones fantasmales y fenómenos inexplicables que finalmente arrastran al protagonista a una aventura, podríamos decir neo gótica, que le lleva a través del tiempo al futuro posible y al pasado de la época victoriana. Conoce al mismísimo Bran Stocker y lucha con él.


La pregunta que propone la trama podría ser: ¿será posible que los vampiros no fuesen inmortales realmente, sino que viajasen por el tiempo a libre antojo?, eso explicaría, por ejemplo, por qué son vistos en una y otra época a lo largo de la historia.
La debilidad del libro no está en su trama ni en sus ideas, sino que en su narración (para mi punto de vista). Los primeros capítulos con cautivantes, pero a mitad de camino se va volviendo lento y extendiendo a la fuerza ideas ya claras. También pudo haber hecho una más interesante relación entre Stocker y Bondeland, debido a las personalidades que les brinda a cada quien, pero queda floja dicha mancuerna. Sin embargo y como dije al principio, sus ideas brindan un buen refresco al tema vampírico y "dracuniano", dándole un toque científico moderno al tema.

martes, 15 de enero de 2008

Vikram y el Vampiro


Esta es la historia de cómo un Baital, que cuelga de un árbol por la argucia traicionera de un brujo, pone a prueba la paciencia, humildad y sabiduría de un Rajá. No cualquiera, del más legendario de los reyes antiguos de la India, Vikram "el Valiente".

El libro es una recopilación de once cuentos que un orientalista aventurero inglés, Richard Burton, tradujo a su propio idioma y que luego su esposa publicó en 1870, es decir 51 años después de la primera obra literaria sobre un vampiro (Polidori, 1819) y apenas 27 antes que la gran obra de Stocker viera la luz (Drácula, 1897). En el original habían catorce historias más bajo el título "Veinticinco cuentos de un Baital", el señor Burton escogió las que le parecieron más interesantes y le cambió el título. Ignoro realmente cómo llegó a la traducción o comprensión de que un vampiro era un Baital, pero es lógico pensar que bajo el ideario de su cultura y de su tiempo, lo más parecido a aquella figura sobrenatural era un vampiro. Recordemos que en esas épocas no regulaba aún la idea estilizada del aristócrata seductor, más bien eran seres demoníacos, fantasmales y mágicos. De cualquier manera el libro nos recrea un mundo de mutua convivencia entre lo sobrenatural y la vida cotidiana del ser humano, con tal prontitud que uno no se atreve a cuestionar la verdad en las historias.

Desconcierta y hace vertiginosa la lectura, el propio Baital, con su falta de elegancia visual (un murciélago alargado y parlante que cuelga de pies en la rama de un árbol), compensada por una profunda sabiduría y agudeza intelectual, sarcástica, burlona, irreverente y hasta redentora (tanto para él como para el Rajá Vikram). Se constituye como la consciencia crítica y oscura del gran rey, afirma lo que el Rajá no se permite ni pensar, tienta sus bajos instintos, se mofa de su moral y de sus "gemas del saber", recibe sus castigos como muestra de logro al exasperarle, le enseña humildad, obediencia y silencio. Todo con una sutileza exquisita. El Baital es un nato narrador, un cae bien con inteligencia, un desvergonzado honesto, es el niño feo y travieso que por su encanto gana los corazones. Y lo sabe, y lo goza.

Las historias que cuenta están hilvanadas por una que las une a todas, al estilo de "Las Mil y Una Noches", son como perlas unidas por un sólo cordel, en palabras del propio autor. A saber: Un brujo con sed de venganza contra el Rajá, arguye un plan simple pero siniestro que finalmente une los destinos del vampiro y del rey, junto a su hijo que le acompaña. Contrario a lo que espera el yogui (brujo), esta infame relación entre sus víctimas resulta ser su propia destrucción, dándonos a nosotros en el ínterin de su misión, un agradable agasajo de magia, intriga, historias de amor y traición, honor, lealtad y sarcasmo moral.

viernes, 23 de noviembre de 2007

TWILIGHT




Me tope con esta trilogía ampliada de libros vampíricos escritos por la estadounidense Stephenie Meyer, cuando estaba navegando por allí y creí, más bien, tuve la esperanza de haberme topado con una digna sucesora y heredera de la gran Anne Rice. Sin embargo no fue tan así.

Una vez más caí en los malignos juegos de la publicidad que a pesar de mis diatribas obsesivas que en su contra lanzo, todavía me seducen con sus cantos de sirena. Es un riesgo que usualmente se corre cuando gustan estos temas no tan populares en nuestro medio, sin fuentes más fidedignas y confiables en donde guiarse, es fácil sobredimensionar lo que se encuentra. Ni modo, de cualquier manera no estuvo realmente tan mal, mi exageración va en la línea de las altas expectativas comparativas.

Son tres libros los básicos: Twilight, New Moon y Eclipse, aunque debido al éxito obtenido por parte de la autora en su país de origen, por lo menos otros dos libros están listos para unirse a esta trilogía. ¡Vaya maña de los escritores de fantasía, góticos, romanticistas y de horror de andar escribiendo series de libros y no uno solo!, amén del mercado cultural seguramente.

De sus 498 páginas, un 80% hace el esfuerzo descomunal y finalmente logrado por contar una historia de amor, cursi e idílica. Pareciera una típica película de adolescentes gringa en donde la nueva chica recién venida de la gran ciudad, llega al highschool local y después de haber sido nadie en la metrópoli, aquí súbitamente es todo, es decir, es popular. Como corresponde en esta ya tan usada línea melodramática de las historias de adolescentes gringos, la protagonista se liga al más guapo, rebelde, codiciado, rico, inteligente y misterioso chico del lugar, un tal Edward Cullen, que casualmente resulta ser un vampiro.

La chica bonita, sencilla e indefensa se ve primero rechazada por el galán, pero sólo como recurso narrativo para acentuar el heroísmo de éste cuando le salva la vida en un accidente automovilístico. A partir de allí, inicia el romance.

La autora, para mi gusto, exagera el uso del monólogo interno porque no lo hace con fines de profundizar una identidad psicológica, patológica o psicópata, sino más bien para dibujar los castillos en el aire que se va construyendo la protagonista respecto a su amado vampiro. Es como escuchar una canción de José José una y otra vez hasta saberse de memoria la letra y la tonadita.

Mientras tanto, y esto es lo más interesante de la novela, la familia vampírica de Edward se debate entre la aceptación o no de este comportamiento tan poco usual por parte de su hijo más querido, ya que este súbito enamoramiento suyo con una mortal cualquiera, puede poner en riesgo dos situaciones elementales: su fachada construida ante los humanos del pueblo, y el pacto de no agresión que tienen con los hombres lobo de la reservación cercana. Este giro sí gusta y entretiene, lastimosamente no es el leiv motive del asunto y se pierde en contextualizaciones dejando la luz principal al romance atípico y “prohibido” entre Bella y el inmortal maldito.

Después del cortejo y enamoramiento por fin se desarrolla la parte thriller de la novela, una nueva camada de vampiros visita el lugar y siente curiosidad por el estilo de vida de la familia Cullen (ya que éstos son una especie de vampiros vegetarianos, no beben sangre humana, únicamente animal, lo que les permite dejar de ser nómadas y asentarse prolongadamente en lugares que les gustan). El líder de la camada visitante es un cazador nato, del tipo “lo importante es la persecución, no el alcance” y se obsesiona con el olor que emerge de la sangre de la protagonista (Bella) –que por cierto es lo que también vuelve loco a su nuevo novio Edward-. Da inicio entonces la cacería y la defensa de unos y otros vampiros, mostrando en el ínterin las habilidades que tienen los miembros del clan Cullen, así como éste cazador obsesivo.

Como dije, lastimosamente ésa parte sólo representa un 20% del libro y no digo que todo debiera ser suspense o acción, no, pero la parte melosa y trillada es demasiada.

Muy destacable son los miembros de la familia Cullen: Carlisle, el patriarca del clan, ideólogo de la convivencia con los humanos, médico desde hace muchos años (imagínense un vampiro que por convicción no bebe sangre humana y que trabaja en el hospital atendiendo emergencias); Esme, la esposa y figura materna del clan, sin ningún poder o característica especial a destacar más que su sentido maternal; Alice, la hermana, muy interesante, es la más pequeña y tiene poderes psíquicos de imágenes de los probables futuros cercanos; Jasper, hermano adoptivo-novio de Alice, nada que decir más que su habilidad por emanar ambientes de paz y relajación; Rosalie, la belleza sobrenatural, es la única que no acepta a la protagonista; Emmet, el hermano adoptivo-novio de Rosalie, fuerza descomunal que se alimenta de osos pardos a los que le gusta matar en combate directo. ¡Ah! Lo olvidaba, Edward es como el hermano mayor de todos que siempre estuvo solitario, hasta que llegó la chica de la gran ciudad. Tiene el poder muy envidiable, de leer las mentes de los demás –humanos y vampiros por igual- menos, obviamente, la de su amada.

La otra circunstancia también interesante porque deja un halo de tensión, son los personajes indígenas de la reservación, hombres lobo que hicieron un “pacto de caballeros” de no agresión mutua ni intromisión territorial, con los vampiros Cullen. Sin embargo esta tensión está prometida para el siguiente libro New Moon.

En total no son unas “crónicas vampíricas” o algo cercano a ellas, lo imagino más bien como un intento por responder o tratar de aprovechar la oleada inglesa de fantasía y consumo juvenil con su Harry Potter. Lo digo por los elementos básicos que posee, es decir, un teatro de operaciones muy normal en el adolescente gringo, en donde interactúan personajes mágicos o no usuales (logro que hiciera J.K. Rowling con la escuela Hogwarts). Habría que leer los otros libros de la serie de cualquier forma, se dice que próximamente se filmará la película de este primer libro. Hollywood nunca pierde su tiempo.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Arpías

Una noche de fin de semana como cualquier otra, regresaba de los bares que regularmente frecuento. Al caminar por la acera y divisando ya mi carro, me topo con dos bellas mujeres que están platicando con un chavo. Ambas dan la apariencia de inocencia, de 'mosquitas muertas', bonitos rostros, agraciados diría mi abuela, con rasgos finos y suaves, no debían ser mayores de 24 años con esa piel tan suave. Atractivas pero no despampanantes, más bien... seductoras por su linda inocencia y fragilidad, con mirada curiosa, como que no hubieran salido mucho y todo fuera una aventura que ven de reojo.

El tipo era como cualquiera, no más de 30 años, citadino, platicador y algo ebrio. Nada fuera de lo normal. Pero al pasar al lado de este trío me fijé más en las señoritas, las dos me vieron directo a los ojos, un contraste significativo ya que parecían muy tímidas, me sostuvieron la mirada, o más bien yo se las aguanté a ellas. Era una mirada fría, severa como la del cazador, llena de seguridad en sí misma. Finalmente una leve sonrisa, más bien un boceto de sonrisa que dibujó la comisura de sus labios. El efecto en mí fue espeluznante, parecía que me conocían, me hicieron sentir cierto sentimiento de... complicidad, como si me dijeran "nosotras sabemos que vos sabes quiénes somos en realidad". Para mi mayor asombro yo mismo afirmé con el mentón, hice una mueca instintiva de 'reciprocidad'. ¡Reciprocidad y complicidad de qué carajo, si yo ni las conocía!

Pero me sentí tan seguro que no dudé de mi acción, como si algo dentro de mí se hubiera adelantado a mi propia voluntad, algo más profundo en mi ser que no necesita palabras o formalidades para entender.

Continué mi camino reflexionando precisamente sobre mi impulsiva afirmación hacía las dos chicas, llegué al carro, me subí y me largué del lugar. No había avanzado ni una cuadra cuando me sucedió algo impensable, manejando por la calle vino a mi una especie de visión, un recuerdo, una serie de imágenes, sin perder el control del vehículo ni las funciones básicas de motricidad, lo vi todo: ellas acariciaban al tipo aquel, con modestia pero con mucha sensualidad, aún estaban en la calle en que les vi hacía unos minutos atrás, en un instante una de ellas hundió los ojos dentro de sus cavidades mientras mostraba desde su boca unos caninos enormes. El tipo se tambaleó pero ya la otra lo tenía sujeto por los brazos y abalanzándose sobre el cuello. En un abrir y cerrar de ojos las dos chicas de inocente belleza eran ya dos bestias huesudas, con la piel arrugada pegada al sistema óseo, ambas en cuatro patas con prominentes garras y aullando como lobas de rabia, o de alegría, o de éxtasis ¿quién sabe?

Acabaron con el chavo aquel y no dejaron nada, sus ojos ahora eran puntos rojos en lo profundo de sus cavidades oscuras. Era como perras extasiadas.

Cuando estaba acercándome a mi casa, una media hora después, el camino se veía solitario y silencioso como siempre está cuando regreso después de la media noche. Una leve capa de humedad sobre el asfalto reflejaba ténuemente la luz amarilla de los postes. La perspectiva del camino daba la impresión de una carretera que conducía a otro lugar, a otro tiempo, a otra dimensión. Avanzando a toda máquina me paralicé al escuchar aquel chillido ensordecedor, agudo y molesto, no era como el de la visión, éste era real y estaba cerca. Inmediatamente y como por instinto voltee a ver a mi izquierda, vi cómo una de las arpías huesudas y bestiales corría desenfrenada hacía mí, gritaba o más bien chillaba como loca mientras más se acercaba. Finalmente, como en una 'tacleada' de fut bol americano, chocó abruptamente contra la llanta izquierda delantera, lo que hizo que el carro -conmigo adentro- saliéramos expulsados como en una catapulta, dando vueltas en el vacío hacía adelante.

Mientras iba por los aires y esperaba la caída final sobre el asfalto, busqué afanosamente a las arpías, vi que las dos seguían chillando mientras corrían a cuatro patas por debajo, esperando con ansia que cayera la presa, calculando el lugar del impacto para saltar y asestar el golpe final, destazarme o jugar con migo, no sé.

Al caer, el carro se hizo mil pedazos y rebotó varias veces sobre el camino. Yo quedé atrapado en la cabina de piloto sin poder moverme, boca abajo pero ileso y consciente. Rápidamente vi a través de un agujero de lo que quedó de la ventana que daba justo para el camino que había recorrido hacía unos instantes, o más bien sobre el que había volado después del ataque, pero no veía ni oía nada de las arpías. Ni una sombra ni un chillido, ningún paso. Todo estaba callado y solitario como antes.

Luché con todas mis fuerzas y en una especie de transfiguración, logré salir del carro. No sé cómo, era imposible sobrevivir a un impacto como ese, además, de haberlo hecho, debería tener todos los huesos rotos, desangramientos internos y externos por todos lados... y sin embargo estaba allí, de pie. Viendo el carro convertido en chatarra retorcida, vidrios esparcidos y olor a gasolina con aceite desparramado, me pregunto cómo diablos salí del vehículo, la cabina estaba completamente aprisionada por la lámina y hierro contorsionados.

¿Y las arpías? ¡Carajo, qué se hicieron esas perras! Volteo a ver sobre el camino... nada. Rodeo el carro revisando detrás de las láminas sueltas... nada. Escucho con más detenimiento... nada, sólo el viento que pasa como en oleadas. Veo mi casa y camino hacía ella, con cuidado y sigilo porque las presiento, están por allí. Llego a la cuadra final, a cien metros de la puerta, pero algo me detiene, es la sensación de una presencia. Estacionado frente a mi casa hay un camión de carga, de esos con largo panel... hay algo al final del camión, esperando, lo puedo sentir.